Karla Megan: Una noche en el yate

Karla Megan: Una noche en el yate

Hay noches que no están hechas para ser olvidadas. Esa era una de ellas.

El yate se mecía suavemente mientras el sol terminaba de caer sobre el Mediterráneo. Yo estaba de pie junto a uno de los ojos de buey, con el encaje negro pegado al cuerpo como una caricia, sintiendo que la brisa salada y el vino frío eran la combinación perfecta para bajar la guardia.

Él llevaba toda la noche mirándome desde el otro lado de la cubierta. Cuando por fin se acercó, lo hizo con calma, como si supiera que no había prisa.

—¿Sabes navegar?— fue lo primero que me preguntó.

—Depende de hacia dónde vayamos— le respondí.

La conversación que siguió duró hasta pasada la medianoche. Al bajar del yate, me despedí con un beso en la mejilla que duró un segundo más de lo necesario. Algunas noches caben enteras en un segundo.

← Volver al blog
Compartir: Twitter WhatsApp