Karla Megan: Domingo de sábanas blancas

Karla Megan: Domingo de sábanas blancas

La luz que entraba por la ventana era de esa clase que solo existe los domingos.

Yo estaba boca abajo en la cama, con el encaje blanco pegado al cuerpo como una segunda piel, sintiendo el calor de la mañana en la espalda desnuda. Él estaba ahí. Lo sentía antes de verlo.

Giré despacio. Sus ojos ya estaban abiertos, y me miraban de esa manera que hace que quieras que el tiempo se detenga.

—¿Cuánto llevas despierto?— pregunté.

—El tiempo suficiente— dijo.

Lo que vino después no tenía prisa. No había ningún lugar al que llegar, ninguna alarma que respetar. Hay domingos que duran exactamente lo que tienen que durar. Ese duró hasta que el sol estuvo demasiado alto para seguir ignorándolo. 🤍

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