Karla Megan: Lo que pasó en el ascensor

Karla Megan: Lo que pasó en el ascensor

Eran las 11 de la noche cuando entré al ascensor del Grand Palace Hotel. Acababa de terminar una sesión fotográfica que me había dejado exhausta pero satisfecha —había algo irresistiblemente liberador en posar con ese jumpsuit que se sentía como una segunda piel.

Las puertas estaban a punto de cerrarse cuando una mano las detuvo. Él entró despacio, como si el tiempo le perteneciera. Traje oscuro, perfume que olía a algo entre madera y lluvia. Me miró de esa manera que los hombres miran cuando intentan no mirar demasiado.

—Piso once— dijo, sin preguntar si yo iba al mismo destino.

—Doce— respondí, mirando al frente.

Hubo un silencio que duró exactamente ocho pisos. Ocho pisos donde ninguno de los dos dijo nada, pero donde todo se dijo. Cuando el ascensor se detuvo en el once, giró hacia mí antes de salir.

—Espero que mañana también trabajes en el hotel— dijo con esa media sonrisa que no prometía nada pero sugería todo.

Las puertas se cerraron. Llegué a mi habitación y sonreí al techo durante un buen rato.

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